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Sectores · Hostelería

Bares y restaurantes: la carta, el menú del día y Google

Por qué la carta en PDF no existe para Google, cómo se busca dónde comer y qué decide que tu restaurante salga en el mapa a la hora de comer. En Pamplona.

Un embudo de contactos que lleva a un formulario, a un calendario con una cita marcada y a una lista

En corto

La carta en PDF no existe para Google: hay que publicarla como texto. La gente busca por tipo de comida, por ocasión y por necesidad concreta —⁠menú del día, sin gluten, con niños, terraza⁠—⁠, no por «restaurante». Y en la hora de comer manda la ficha: horario correcto, fotos recientes y reseñas de las últimas semanas.

Dos peleas distintas

El mapa

  • Dónde está quien busca
  • Tu ficha de empresa
  • Reseñas y respuestas
  • Categoría y horario

Los resultados normales

  • Lo que dice tu web
  • Quién te enlaza
  • Cómo está construida
  • Qué responde cada página
Se puede ganar una y perder la otra. Y a un negocio local le suele dar de comer la del mapa.

En hostelería el buscador funciona distinto: la decisión se toma en minutos, casi siempre desde el móvil y muchas veces ya en la calle. Eso cambia qué hay que tener preparado, y hace que el SEO de un restaurante se parezca poco al de cualquier otro negocio.

La carta en PDF no existe

No hace falta rehacer nada: la misma carta, plato a plato, con su precio, en una página normal de la web. Con los platos que más se buscan, los de siempre y los que solo hacéis vosotros, bien visibles. Contratar a un consultor SEO en Pamplona no obliga a cambiar de diseñador: yo le pasaría la carta en texto con el motivo explicado, y comprobaría después que Google la lee.

Cómo busca la gente dónde comer

Casi nunca «restaurante en Pamplona».

El sofá y la calle: dos búsquedas que no se parecen

Esas cuatro formas se hacen en dos momentos muy distintos, y casi todas las webs de hostelería solo atienden a uno.

En la calle, a la una menos cuarto. Con hambre y a menos de quinientos metros. Ahí no se lee: se mira el mapa, la foto, la nota y el horario, y se entra al primero que convence. Esa partida la juega la ficha entera.

En el sofá, el martes por la noche. La cena del sábado, la comida de doce de la empresa, el sitio al que llevar a los suegros. Hay tiempo: se abre la carta, se mira el precio, se leen tres reseñas y se compara con otros dos sitios. Aquí manda la web, y aquí se pierden las reservas grandes, que las hace quien va a gastar más. Si te llegan mesas de dos y ningún grupo, no tienes un problema de mapa: tienes una web que no contesta a quien está planificando.

Y hay una tercera, la de quien ya sabe tu nombre: alguien le ha hablado de vosotros o pasó por delante el sábado, y escribe el nombre del bar, muchas veces mal escrito. Esa no se gana, se pierde. Si lo primero que ve es un horario que no cuadra o un teléfono antiguo, la reserva se cae sin que nadie se entere. Son los tres datos que más fallan, y los tres se arreglan en una tarde.

El menú del día es una búsqueda diaria

«Menú del día en Pamplona» se busca cada día laborable, y se concentra entre las once y las dos. Es de las búsquedas locales más constantes que existen, y la mayoría de las webs de restaurante no tienen ni una página para ella.

Si tienes menú, necesita su página, con el precio, qué incluye (primero, segundo, postre, bebida, café) y los días que se sirve. Publicar el menú de cada día es lo ideal, y hoy cuesta dos minutos desde el móvil; pero si no puedes, al menos que la página exista, que diga el precio de este año y que esté enlazada desde la ficha de Google.

Las tres necesidades que casi nadie escribe

Sin gluten y alérgenos. Quien tiene celiaquía en casa investiga antes de salir y elige seguro. Una página que explique cómo lo gestionáis, qué platos son seguros y cómo evitáis la contaminación cruzada os hace ganar la mesa entera, no un comensal.

Con niños. Trona, menú infantil, espacio, si molesta un carro. Decide la elección de muchas familias y casi nadie lo pone.

Grupos. Aforo, menús cerrados con su precio, si hay reservado, cuánta antelación, cómo se paga. Es la reserva más rentable y la que menos se trabaja en la web, y la que más se busca en noviembre y en mayo.

La ficha manda a la hora de comer

En «dónde comer cerca» la partida es del mapa, y el mapa lo decide la ficha de Google.

  1. Horario exactísimo, festivos incluidos

    Cocina abierta y cerrada, no solo el local. Un horario que dice «abierto» a las cuatro y media cuando la cocina cerró a las cuatro es una reseña mala esperando.

  2. Fotos recientes y reales del local y de los platos

    No de banco de imágenes. Google prioriza las fotos que suben los clientes si las vuestras son viejas; que las vuestras sean de este mes.

  3. Reseñas de las últimas semanas, contestadas todas

    En hostelería envejecen más rápido que en ningún otro sector: una reseña de hace dos años no dice nada del cocinero de ahora. Pedirlas al cobrar, con un código en la mesa, y contestar también las malas.

  4. El menú y la carta enlazados desde la propia ficha

    Con el enlace a la página de texto, no al PDF. Es lo que se abre desde el mapa en la calle.

  5. La categoría correcta y los atributos

    Asador, sidrería, bar de pintxos: la categoría principal decide en qué búsquedas sales. Y los atributos, terraza, para niños, sin gluten, son filtros que la gente usa.

Lo que responde una carta en texto y lo que no responde un PDF

Lo que busca la genteCarta en PDFCarta en texto en la web
«Bacalao al ajoarriero Pamplona»No aparece: Google no lee el PDFAparece: el plato está en la página
«Menú del día» a la unaNo sabe que tienes menúLa página del menú, con precio y día
«Sin gluten» un viernes por la tardeNadaLa página de alérgenos, con los platos seguros
Abrir la carta desde el móvil en la calleDescarga, espera, ampliar con los dedosSe lee al instante
El precioEl de cuando se hizo el PDFEl de hoy, cambiado en un minuto
Enlazarla desde la ficha de GoogleUn archivo que tardaUna página que carga
El PDF sigue teniendo su sitio: para descargar o imprimir. Lo que no puede es ser la única carta.

Reservas y plataformas

Si trabajas con una plataforma de reservas, que el botón esté a la vista. Y si además tienes reserva directa, teléfono o formulario, ponla antes: cada reserva directa es una comisión que no pagas.

Es el mismo caso que los hoteles con las centrales de reservas: la plataforma trae volumen, sobre todo de quien no te conoce, y se lleva su parte. Tu web y tu ficha deberían quedarse con quien ya te conoce, y ese es exactamente el que busca tu nombre y se encuentra primero el botón de la plataforma.

«Con Instagram y el boca a boca me apaño»

Es la objeción del sector y tiene su parte de razón: en hostelería el boca a boca funciona de verdad, y una foto del plato se enseña mejor en Instagram que en ninguna web.

Lo que pasa es que hacen cosas distintas. Instagram le habla a quien ya te sigue, y el boca a boca llega hasta donde llega el círculo de tus clientes. Google es el único sitio donde apareces ante quien no ha oído hablar de ti: el que se acaba de mudar a tu calle, el que viene tres días a un congreso, el que busca dónde comer con un celíaco en casa.

Y hay un detalle práctico que decide la discusión. Una historia dura veinticuatro horas y no sale cuando alguien busca «menú sin gluten» un viernes a las ocho. La página de alérgenos, en cambio, sigue ahí dentro de dos años contestando la misma pregunta a gente distinta, sin que nadie la toque. Es la misma pelea que tienen las peluquerías con Instagram, y la salida es la misma: no hay que elegir, hay que repartir. Las redes, para quien ya te conoce; la ficha y la web, para quien no.

Lo que no tiene defensa es la versión que veo a menudo: Instagram al día, ficha de Google abandonada y web con la carta de un cocinero que se fue hace tres años. Ahí no falta marketing: es que el único sitio donde mira el cliente nuevo enseña un local que ya no existe.

San Fermín y las fechas que cambian todo

En Pamplona hay un calendario que no tiene ningún otro sitio. San Fermín es un mundo aparte: horarios distintos, carta distinta, precios distintos, y una búsqueda enorme de gente de fuera que no conoce nada. La ficha y la web tienen que decirlo con semanas de antelación, y la carta de fiestas en texto vale más esos días que en todo el año.

Y después, lo de todos: el menú de Navidad y las comidas de empresa se buscan desde octubre, las comuniones desde marzo, la Semana Santa y los puentes con dos o tres semanas de margen. Una página por ocasión, publicada cuando la gente empieza a buscar y no cuando ya ha reservado. Si además sirves fuera del local, el catering vive de esa misma búsqueda con fecha límite.

Lo que funciona y lo que no

Qué miraría para saber si esto está funcionando

En hostelería no hace falta esperar medio año para saberlo: hay dos sitios que contestan pronto y los dos son gratis.

En la ficha de Google, lo que importa no es cuánta gente la ve, es cómo llega. La ficha separa a quien te busca por el nombre de quien te encuentra buscando otra cosa, y el segundo grupo es el que tiene que crecer. Debajo están las tres acciones que valen dinero: llamadas, «cómo llegar» y clics a la web. Si suben las visitas y no las acciones, algo de lo que enseña no convence, y casi siempre son las fotos.

En Search Console, lo que hay que buscar son nombres de platos. Si la carta está en texto, a las pocas semanas aparecen búsquedas que nunca habías tenido: el plato raro, el que solo hacéis vosotros. Esa es la señal de que la carta ya existe para Google. Las de «menú del día» y las de necesidad —⁠sin gluten, con niños, grupos⁠— llegan después, y son las que traen mesa completa.

Y hay una cuenta que no da ninguna herramienta y la sabe quien coge el teléfono: cuánta gente llama preguntando por algo que solo está escrito en la web. «¿El menú del sábado es el mismo que el de diario?», «¿el arroz hay que encargarlo?». Cada una de esas llamadas es la web haciendo su trabajo. Para contarlas sin fiarte de la sensación, así se mide cuántas llamadas te trae la web.

Preguntas frecuentes

¿De verdad Google no lee la carta en PDF?

Puede indexar un PDF con texto, pero lo trata como un documento aparte, sin la estructura ni el contexto de la página, y si el PDF es una imagen escaneada o un diseño con el texto convertido en trazados, no lee nada. La carta va en texto, en la web, y el PDF queda para descargar.

¿Tengo que publicar el menú del día cada día?

Lo ideal, sí, porque la búsqueda es diaria y quien la hace quiere saber qué hay hoy. Si no puedes, que exista la página del menú con el precio, qué incluye y los días que se sirve, y que esté actualizada. Una página de menú con el precio del año pasado hace más daño que no tenerla.

¿Me conviene estar en las plataformas de reservas?

Traen volumen, de quien no te conoce, y se llevan su comisión: es un canal más, no el enemigo. Lo que conviene es que en tu web y en tu ficha la reserva directa, teléfono o formulario, vaya antes que el botón de la plataforma, para que quien ya te conoce reserve sin que pagues por él.

¿Las reseñas importan más en hostelería que en otros sectores?

Se leen más y envejecen antes. Una reseña de hace dos años no dice nada del cocinero de ahora, y quien decide dónde comer mira las de las últimas semanas. Por eso en hostelería pedirlas es una rutina, no una campaña: al cobrar, con un código en la mesa, y contestando todas, también las malas.

¿Necesito web si ya tengo la ficha de Google y redes?

Para la hora de comer, la ficha hace casi todo el trabajo. La web entra en lo que la ficha no puede contar: la carta completa en texto, el menú, los alérgenos, los grupos y las reservas directas. Un restaurante con ficha y sin web pierde justo las búsquedas que se hacen antes de salir de casa.

Para que la web y la ficha de tu bar trabajen justo a la hora en que se decide dónde comer, está el SEO para empresas. La parte del mapa, paso a paso, está en la guía de la ficha de empresa en Google y en qué decide a quién le sale tu negocio al buscar «cerca de mí». Para las reseñas, cómo conseguirlas sin comprarlas ni pedirlas mal. Y si te pasa gente de fuera, el Camino de Santiago como fuente de clientes.

Si te está pasando

La primera llamada no cuesta nada y suele bastar para saber si tiene arreglo. Si tu caso no es para mí, te lo digo.

Un mapa con una chincheta junto a una tienda, rodeado de reseñas con estrellas, teléfono y correo

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